viernes, 2 de enero de 2009

LA PATRIA CONSUMISTA

Por Oscar Taffetani



(APe).- El "paquete" de medidas "anticíclicas" y "anticrisis" elaborado por los "equipos" del "Gobierno" (perdón por este abuso de las comillas) es tan completo que ya están pensando en exportarlo a países huérfanos de estrategia, esos pobres países del Norte y del Sur que carecen de una dirigencia esclarecida.

La propuesta argentina incluye pago de la deuda espuria (y sus intereses, también espurios) a los fondos-buitre del capital trasnacional. ¿Con qué se les pagará? Con reservas del Tesoro. O con la plata de los jubilados. Todo vale. Para algo el superministro tiene superpoderes.

A la vez, el Ejecutivo ha decretado, -previo paso simbólico por el Parlamento- el indulto o perdón fiscal a los que evadieron impuestos y sacaron fondos de manera ilegal del país, en los últimos años. Eso también es anticíclico. Y peristáltico. Y analgésico.

Menem hablaba en 1989 de crear una banca off-shore (separada de la costa), con apoyo del Estado nacional. Quería ofrecer un buen nido a los fondos-buitre, con garantía de impunidad. Los Kirchner, más aptos para el negocio, perfeccionaron la idea, creando el paraíso fiscal, pero fronteras adentro.

Viva la clase media

Como señala el politólogo Alain Minc en su libro La borrachera democrática (Gallimard, 1995), la inmensa y desperdigada clase media, definida por sus consumos antes que por su inserción productiva o sus ideas, se ha convertido en el nuevo "actor histórico" de la política, ante la desaparición o eclipse de los verdaderos actores.

Aquí en la Argentina, país donde la movilidad ascendente fue a lo largo del siglo XX un hecho comprobable, fuimos construyendo una versión sureña del American Dream: casa propia, auto, vacaciones pagas, universidad para los hijos, etcétera.

Cuando el poder adquisitivo fue disminuyendo y la clase media se fue pauperizando, la ensoñación -a caballo de la publicidad y el consumo masivo- la compensó por las carencias.
Fue allí cuando, en la neociencia del marketing, comenzó a hablarse de lo "aspiracional".
Si el target (consumidor potencial) no está en condiciones de comprar una primera marca, se le ofrece una segunda o una tercera marca. O bien se le ofrece un "trucho". Así se cubren todos los segmentos y franjas de consumo. Si el consumidor no está en condiciones de comprarse una casa o un automóvil, al menos podrá tener un teléfono celular o cualquier fetiche más barato, para imaginar que ha saltado la brecha de inequidad.

Todos los fantasmas, todas las miserias de la ciudadanía entendida como "clase media", están presentes en el discurso y el léxico de la dirigencia argentina actual.

Hipocresía al por mayor.

Hace poco, la Presidenta anunció desde la Quinta de Olivos que se había acordado con los supermercadistas ofrecer "un kit de canastas navideñas" (sic), que van "entre los 9 y los 119 pesos, según el bolsillo del consumidor" (sic).

En las buenas épocas peronistas (o las buenas épocas conservadoras, tanto da), el Estado era capaz de hacerse presente, en el mundo de los pobres, con una sidra y un pan dulce, o promoviendo el turismo social, o bien regalando a los niños más humildes una excursión o un viaje que no olvidarían por el resto de sus vidas.

Ahora, con falsa candidez, invita a los pobres a comprar en los supermercados. Con el nuevo "kit" navideño, hasta un pobre infeliz que tenga sólo 9 pesos en el bolsillo podrá contribuir a la tan necesaria "reactivación del consumo".

Del otro lado de la brecha (o del abismo), la Presidenta y su comitiva (es decir, los que comen con la Presidenta) disfrutarán de una canasta navideña mucho más generosa, mucho más variada, que ni siquiera figura en el "kit".

"Amado el que vela el cadáver de un pan con dos cerillas", escribió César Vallejo. En el más pobre entre los pobres -nos hace pensar- pervive una dignidad inviolable al marketing y a los discursos.

Barbie o símil Barbie...

Las muñecas Barbie -un fenómeno de marketing, a escala global- fueron uno de los primeros juguetes ofrecidos en forma de "kit".

Los interesados podían adquirir la muñeca básica (rubia y delgada, según el estereotipo) y después ir añadiéndole vestuarios y mobiliario.
Las Barbies, fabricadas, copiadas y falsificadas hasta el cansancio, son un ejemplo de producto "para todos los bolsillos".

Se nos ocurre que los nuevos "dirigentes" y "candidatos" de la escena política nacional son una especie de Barbies, ofrecidos a distintos públicos, con discursos como vestidos, que se ponen en cada ocasión.

El gran supuesto de este degradado comercio es que todo se inicia y termina en el consumo.

La gente vota (o compra) "lo que hay", porque se la persuade de que fuera de eso no hay nada.
Por eso, el gran desafío, para la verdadera dirigencia política y social, para aquellos que no se disfrazan de nada, para los que son, será descorrer el velo del consumo y el velo de los discursos de ocasión, para encontrarse con sus verdaderos hermanos y también para dibujar el mapa -o el rostro- de su verdadero enemigo.

Ahora volvamos a Vallejo, para disipar tanta indiferencia, tanta frivolidad y estupidez que nos tapan el cielo y nos separan de la tierra:

"¡Amadas sean las orejas sánchez, / amadas las personas que se sientan, / amado el desconocido y su señora, / el prójimo con mangas, cuello y ojos!...

¡Amado sea el que trabaja al día, al mes, a la hora, / el que suda de pena o de vergüenza, / aquel que va, por orden de sus manos, al cinema, / el que paga con lo que le falta, / el que duerme de espaldas, / el que ya no recuerda su niñez!...

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