jueves, 16 de agosto de 2007

MAS VERDAD, MAS MEMORIA

El Juicio por la Verdad que se desarrolla en Mar del Plata continuó el miércoles pasado con el testomonio de Héctor Gómez, quien fuera víctima del terrorismo de estado durante el año 1976.
El testigo era chofer de la empresa Micromar y se desempeñaba como delegado de la misma en la UTA. Durante una madrugada del mes de septiembre de 1976, mientras se encontraba en esta ciudad, un compañero le informó que la Policía Federal lo estaba buscando. El Jefe de personal de la empresa, le comunicó que quien lo había ido a buscar era el Ejército. A través del conocimiento que tenía del personal policial por trasladarlos habitualmente en los micros, se acercó hasta la Policía Federal y ahí fue informado de que no había nada en contra suya. Luego fue al GADA con idéntico resultado. Aproximadamente a las 21 hs de ese mismo día, al llegar a su departamento con una amiga, fue interceptado por personal de Policía. Lo sabe ya que su amiga los había visto en la repartición unas horas antes. Lo encañonaron y encapucharon antes de introducirlo en un auto. Le dijeron que eran de Prefectura. Dieron varias vueltas y lo llevaron a un sitio en donde le sacaron la capucha y le pusieron un pantalón en la cabeza, lo esposaron y lo tiraron al suelo entre dos camas de hierro. Supone que era Policía Federal. Luego lo metieron en un auto y como el se quejó por las esposas, se detuvieron y ahí pudo espiar y ver el frente de piedra de la Unidad Regional de Entre Ríos y Gascón. De ahí lo trasladaron a un lugar que identificó como parte de la Fuerza Aérea por el ruido muy cercano de aviones aterrizando. Las habitaciones estaban separadas por tabiques, de modo que se podía escuchar que había más gente detenida. Eran torturados con mucha frecuencia. Tenían escaso tiempo para comer, ya que de inmediato entraban y les pateaban los platos y los hacían limpiar. En uno de los ambientes pudo ver cartel sobre la pared con una leyenda alusiva a la Fuerza Aérea y además los platos tenían el emblema y estaban identificados como pertenecientes a la misma. El día que llegó, había en la habitación contigua una mujer, cuyo nombre no supo. Le dijo que había sido llevada de su casa y que ahí habían quedado sus hijos. Esta misma mujer, junto a otra, era quien ayudaba a servir la comida al soldado, un correntino. Había también un chico como de 13 ó 14 años.
También vio a Juan Peña y a Eduardo Martínez Delfino. Supo que el primero era profesor de Educación Física en varios colegios de esta ciudad y que estaba allí porque había prestado su dto a un amigo, que al parecer, militaba en Montoneros. El 8 de diciembre de 1976, estando Gómez en “La Cueva” junto con él, lo trasladaron. Se encuentra desaparecido. Eduardo Martínez Delfino le contó que era estudiante y había sido nombrado como delegado de la Universidad para llevar a niños carenciados al Piso de Deportes. Le dijo que había pasado por la Comisaría 4ª antes de llegar a “La Cueva”. Cuando Gómez fue liberado, Martínez Delfino, quien está desaparecido, aún permanecía detenido allí. También vio a un joven llamado “Federico” quien era empleado bancario en una población de la costa y a quien le imputaban la muerte de un militar del GADA, de apellido Reyes. Había sido detenido en Cnel. Brandsen y llevado a La Plata antes de llegar a este centro de detención. Lo torturaban mucho y una noche, cuando lo llevaron al baño, fue muerto de un tiro. El testigo tiene la certeza de esto ya que, además del disparo, escuchó la conversación entre los represores. Se trata de Federico Báez. Los abogados patrocinantes le acercaron distintas fotos y él pudo reconocer a las tres personas anteriormente nombradas. Relató también que en una oportunidad le exigieron los zapatos, según dijeron “para dárselos al Pájaro”, a quien llevaban a curar por una herida de bala. Pudo escuchar cómo lo torturaban. Nunca supo su nombre de pila. Podría tratarse de Marcos Miguens. También vio a Miguel Haurie (Cabezón), muy torturado, quien en una oportunidad le había dado un volante de Montoneros en la estación terminal. Permanece desaparecido.
Durante las torturas preguntaban a Gómez insistentemente sobre esos volantes, tildándolo de zurdo, además de insultarlo por su actividad como delegado de la empresa. Estuvo también con Alejandro Donda. Supone que en ese lugar había custodiándolos 3 ó 4 personas durante el día y 2 por la noche, además de quienes estaban arriba. Vestían todos de civil, mocasines y jeans, salvo el soldado que les servía la comida. Iban médicos cuando era necesario atender a algún detenido. Nunca supo sus nombres así como tampoco de quienes los vigilaban o torturaban. Hacía fines de diciembre de 1976 fue liberado en el camino a Miramar, luego de un simulacro de inyección del” suero de la verdad”. Por el tipo de camino que recorrió al salir, puede reconocer que se trató del centro clandestino “La Cueva”, dependiente de la Fuerza Aérea.

Fuente: PRENSA JUICIO

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